Monturas hechas a mano en materiales naturales


El italiano Luca Gnecchi Ruscone (Roma, 1982) no sabía que un fortuito viaje a África en 2006 se convertiría en el comienzo de una apasionante aventura empresarial.

En el continente negro pasó parte de su infancia cuando, por motivos familiares, estuvo largas temporadas de pequeño. Su padre vivía en Kenia y su madre había nacido en Eritrea porque su abuelo, el patriarca de la saga, puso rumbo a la capital del país, Asmatra, en los años 30. Allí abrió una óptica, la misma que visitaría su nieto casi 70 años más tarde.

El descubrimiento de una caja con varios modelos de gafas de sol antiguas importadas desde Italia llamó la atención de decenas de amigos nostálgicos que le hicieron saber de su interés por poseer unas similares. El resultado fue entonces la reapertura del taller primigenio en Italia, que se había cerrado en 1968, para satisfacer toda la demanda. Bajo la máxima de que «la elegancia de un objeto debe ser atemporal», Luca Gnecchi Ruscone sólo concibe una forma artesanal de facturar sus lentes de sol.

Todas las monturas están hechas a mano y parte del secreto de su durabilidad y resistencia se encuentra en el material utilizado para fabricar las monturas: el acetato de celulosa. Gracias a él, la gafa gana flexibilidad y, además, al tratarse de un componente natural no hay que temer ningún tipo de reacción de la piel por muy sensible que ésta sea.

La colección completa de L.G.R –acrónimo que se corresponde con las iniciales del nombre de pila y los apellidos de su autor– comprende 20 modelos de monturas distintos, cada uno bautizado con el nombre de una ciudad africana. Así, Durban, Cape Town, Casablanca, Tpoli o Kampala forman parte del homenaje que hace Luca Gnecchi a ese continente.

Para acompañar cada montura, la firma se ha asociado con Barberini, una de las principales casas fabricantes de lentes para gafas de sol. Partiendo de que cada modelo puede obtenerse con diferentes lentes, la versión estándar ofrece protección antirreflejante y con una resistencia total a los rayos ultravioletas.

Para quienes buscan un punto de originalidad, se han ideado las lentes fotocrómicas.Disponibles en amarillo, gris y violeta, poseen la misma protección pero su especial material les permite conservar la opacidad incluso cuando los rayos solares son más potentes. Y, por último, están las polarizadas y las de doble espejo, que han sido pensadas para los amantes de las experiencias extremas. Las primeras están catalogadas como las lentes más finas del mundo. Con sólo 1,8 mm de grosor absorben la luz en las condiciones más complicadas: pavimento, agua o nieve. Las segundas, en cambio, ofrecen la máxima garantía a los esquiadores, con una protección de 400% contra rayos infrarrojos.

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