Nuevas actuaciones en el diagnóstico y tratamiento de la DMAE (Invitado)

La degeneración macular relacionada con la edad (DMAE) se caracteriza por un daño inicial, con la consecuente pérdida de funcionalidad en el epitelio pigmentario de la retina y la membrana de Bruch, que con el tiempo ocasiona un incremento de las sustancias tóxicas de desecho, pudiendo surgir una falta de aporte sanguíneo en la estructura, y ante dicha hipoxia, un crecimiento de vasos anómalos. Durante muchos años ha sido la causa más común de ceguera en la población mayor en los países desarrollados, con la aparición de nuevos tratamientos se trata de frenar y disminuir esta alteración.

Existen dos tipos principales de DMAE, la seca o atrófica y la húmeda o exudativa. A lo largo de los años se han planteado / realizado distintas opciones de tratamiento, siendo las más recientes las que respetan la retina sensorial, con el empleo de inyecciones intravítreas de antiangiogénicos (Lucentis, Avastin, o Macugen) que minimizan la evolución al inhibir el crecimiento de factores como el VEGF (vascular endotelial growth factor).

El avance en el conocimiento y resultados se ha producido en base a las publicaciones de diversos estudios, guías científicas y la experiencia clínica de especialistas en la materia. Por ejemplo el estudio AREDS (Age Related Eye Disease Study), ha demostrado que algunas vitaminas antioxidantes y el cinc pueden reducir el impacto de la DMAE seca en algunas personas, disminuyendo la velocidad de la progresión hacia las formas avanzadas.

En la DMAE exudativa, aunque los ensayos clínicos demostraron la eficacia de la vía intravítrea (Lucentis: ANCHOR y MARINA; Macugen: VISION), estas deben prolongarse durante años. La causa es que los antiangiogénicos actuales son sustancias bloqueadoras y no inhibidoras del VEGF y que, por tanto, su efecto desaparece con el tiempo, obligando a realizar inyecciones intravítreas periódicas. Sin embargo pese a ello y dada su eficacia, son una terapia de elección, aparte de en la DMAE, en otras patologías retinianas como la retinopatía diabética y las oclusiones venosas que cursan con factores de crecimiento vascular parecidos.

En cuanto al seguimiento, en la DMAE atrófica es cada seis meses, y en la exudativa, varía dependiendo del tratamiento pero como orientación se puede considerar mensual. En las fases más precoces de la DMAE seca no es necesario hacer ningún tratamiento específico, aunque se aconseja una dieta rica en zeaxantina y luteína. Es importante señalar que los suplementos vitamínicos no son la cura para la DMAE, y que no restauran la visión que ya se ha perdido por la enfermedad. Sin embargo, sí que pueden ayudar mucho preventivamente sobretodo en personas con factores de riesgo.

Aunque se ha avanzado mucho con los tratamientos en la DMAE exudativas todavía hay sujetos que nos responden bien, por tanto se hace necesario poner en marcha nuevas dianas terapéuticas, por ejemplo se están investigando tratamientos por vía oral, como con el Pazopanib, el cual muestra un potencial en el tratamiento de la DMAE, con una mejor tolerancia y un incremento en la agudeza visual.

Para finalizar hay que recordar que cuando está afectado sólo un ojo se debe advertir al paciente del riesgo de bilateralidad de la enfermedad, por ello debe ser consciente de la importancia del diagnóstico precoz del segundo ojo para tratar de preservar su calidad visual. Cuanto antes se detecta y se pone tratamiento mejor es la posibilidad de minimizar las alteraciones.

Autor:

Andrés Gené Sampedro

Departamento de Óptica. Universidad de Valencia. España

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