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Obesidad y visión. El sobrepeso y su negativo impacto en la salud visual

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Posted in Salud Visual By Longitud


La obesidad es una enfermedad crónica que se caracteriza por una acumulación excesiva de grasa o hipertrofia general del tejido adiposo en el cuerpo hasta un punto de poner en riesgo la salud o la vida de quienes la sufren. Desgraciadamente cada año fallecen millones de personas como consecuencia del sobrepeso o la obesidad.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define como obesidad un índice de masa corporal (IMC, cociente entre el peso y la estatura de un individuo al cuadrado) igual o superior a 30 kg/m².​ También se considera signo de obesidad un perímetro abdominal en hombres adultos o igual a 102 cm y en mujeres mayor o igual a 88 cm.

Millones de adultos tienen sobrepeso o son obesos, lo que les expone a un mayor riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares, diabetes, algunos tipos de cáncer y algunas formas de discapacidad. En otras palabras, el sobrepeso y la obesidad están matando literalmente a millones de personas.

Pero menos conocidos son las relaciones negativas entre sobrepeso, obesidad y visión. Investigaciones científicas muestran que la obesidad aumenta el riesgo de sufrir al menos cuatro enfermedades oculares importantes que causan ceguera: degeneración macular relacionada con la edad, retinopatía diabética, cataratas y glaucoma pueden aumentar en individuos ya sea por enfermedades sistémicas relacionadas con la obesidad como la diabetes o directamente debido a un alto índice de masa corporal (IMC).

Yo no os voy hablar de la obesidad, para eso hay gente que en caso de que tengáis preguntas sobre la obesidad os responderán mucho mejor que yo podría hacerlo. Sin embargo, yo si os voy hablar de los riesgos de la obesidad para vuestra visión y vuestros ojos.


DMAE (Degeneracion Macular Asociada a la Edad)

El efecto directo de la obesidad en la salud ocular no fue bien reconocido hasta hace poco. En 2003, se encontraron los primeros vínculos entre el IMC elevado o una mayor circunferencia de la cintura y la progresión de la DMAE.

En un estudio publicado en Archives of Ophthalmology, se encontró que 261 pacientes de mediana edad y ancianos tenían una correlación directa entre los altos niveles de grasa corporal y la progresión de la DMAE. Los pacientes con un IMC de entre 25 y 30 kg/m2o superior tenían más del doble de probabilidades de experimentar progresión de DMAE en comparación con los pacientes con un IMC inferior a 25 kg/m2.

Una mayor circunferencia de la cintura se asoció con un riesgo dos veces mayor de progresión de la enfermedad, con un riesgo más significativo cuanto mayor es la circunferencia de la cintura.

Los investigadores encontraron que el aumento de la actividad física entre las personas que participaron en el estudio implico una disminución en la progresión a la DMAE. Teniendo en cuenta estos factores, los investigadores comenzaron a vislumbrar una posible asociación entre la enfermedad cardiovascular y la DMAE.

Que el aumento de la actividad física implique en ambos casos una disminución de los riesgos para los pacientes, evidencia similitudes entre la enfermedad cardíaca y la DMAE. Los investigadores especularon que los factores cardiovasculares están de alguna manera relacionados con el proceso de neovascularización que ocurre en la DMAE.

Cataratas

De nuevo un estudio clínico, en este caso en epidemiología oftálmica, también encontró una correlación entre la enfermedad cardiovascular y la enfermedad ocular.

Christine Younan, MD, de la Universidad de Sydney, e investigadores del Save Sight Institute en Sydney encontraron un vínculo entre los trastornos cardiovasculares y la catarata en el estudio Blue Mountain Eye.

En dicho estudio, 2.300 pacientes mayores de 48 años fueron seguidos durante 5 años. Los pacientes respondieron a cuestionarios sobre su historia vascular y se le midió la altura, el peso y la presión arterial. También se les realizaron exámenes oftalmológicos completos, incluyendo fotografías del cristalino que se tomaron en las visitas iniciales y luego nuevamente 5 años después, para evaluar la presencia de catarata cortical, nuclear, posterior o subcapsular.

Los resultados mostraron que la obesidad tenía una relación significativa con la incidencia de catarata subcapsular cortical y posterior. Los pacientes mayores de 65 años que fueron tratados de hipertensión tuvieron una mayor incidencia de catarata subcapsular posterior que los pacientes con una presión arterial normal. También se encontró una mayor incidencia de cirugía de catarata en pacientes con antecedentes de angina y problemas relacionados con el corazón.

Los investigadores concluyeron que en vista de los datos del estudio existían evidencias que respaldan una relación entre la enfermedad cardiovascular y los factores de riesgo vascular con la catarata ocular y su cirugía.

Retinopatia diabética

Otros estudios han puesto en evidencia la vinculación directa entre la retinopatía y los trastornos vasculares y a la diabetes tipo 2, una enfermedad a menudo desencadenada por la obesidad.

En un estudio realizado sobre la diabetes, Hendrik A. van Leiden, MD, e investigadores del Centro Médico Universitario de Amsterdam, Holanda, descubrieron que la incidencia de la retinopatía se asociaba de forma directa con un aumento del IMC, entre otros factores.

“La retinopatía es una complicación microvascular multifactorial, que, además de la hiperglucemia, se asocia con la presión arterial, las concentraciones de lípidos y el IMC”, dijeron los autores en el resumen del estudio.

Dentro del Hoorn Study, un estudio poblacional de más de 2.484 sujetos blancos de 50 a 70 años de edad, se seleccionó un subconjunto de 626 pacientes diabéticos y no diabéticos para su investigación. Los pacientes se sometieron a exámenes oftálmicos y de fondo de ojo para evaluar la incidencia de la retinopatía.

La retinopatía se asoció positivamente con los niveles séricos elevados de presión arterial, IMC, colesterol y triglicéridos. Los investigadores observaron que la presión arterial elevada, los totales plasmáticos y los niveles altos de colesterol se asociaron con la presencia de exudados retinianos.

El riesgo de retinopatía también se relacionó con un aumento de la relación cintura-cadera en otra parte del Hoorn Study realizado por el Dr. van Leiden. El estudio, publicado en Archives of Ophthalmology, implico el seguimiento de 233 pacientes durante casi diez años para investigar el efecto del sexo, la edad, la hemoglobina glucosilada, la hipertensión, el IMC, la relación cintura-cadera, los niveles de lípidos séricos y el tabaquismo sobre la incidencia de retinopatía en personas con metabolismo glucémico normal y anormal.

La obesidad abdominal (relación cintura-cadera), la glucemia y la hipertensión fueron factores determinantes para el desarrollo de la retinopatía. No se encontraron asociaciones significativas entre la retinopatía y los factores de riesgo restantes en este estudio.

Glaucoma y PIO elevada

Los pacientes fueron controlados varias veces durante un período de 10 años para controlar la PIO (presión intraocular), la presión arterial y el peso. Las mediciones medias de la PIO al inicio del estudio fueron de 11,6 mm Hg. Después de controlar la edad, el sexo y la presión arterial, los investigadores encontraron una asociación significativa entre el cambio longitudinal en la PIO y el cambio en el peso. A mayor presión intraocular, mayor riesgo de sufrir glaucoma: 10 preguntas y respuestas sobre que es el glaucoma

“Estos hallazgos sugieren que la obesidad es un factor de riesgo para el aumento de la PIO”, concluyeron los autores del estudio.

En otro artículo publicado en la Korean Journal of Ophthalmology se encontró un vínculo similar entre la obesidad y la PIO elevada.

Jong-Soo Lee, MD, PhD e investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Pusan ​​en Corea, compararon la incidencia de PIO elevada en pacientes con hipertensión sistólica o diastólica y obesos (grupo 1) y pacientes que eran sistólicos o diastólicos hipotensor y delgados (grupo 2).

La PIO aumentó significativamente al aumentar la presión arterial sistólica, la presión arterial diastólica y el índice de obesidad. La PIO media del grupo 1 fue mayor que la del grupo 2 y la diferencia entre ambos valores de PIO fue estadísticamente significativa. Lo que confirma según los investigadores la relación directa entre obesidad y aumento de la presión intraocular.

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