Para 2050, la mitad de la humanidad será miope: por qué fracasamos en prevenirlo

por | febrero 22, 2026

Una crisis visual sin precedentes

Hace cincuenta años, la miopía afectaba a poco más del 20% de la población mundial. Hoy supera el 30% y, según las proyecciones publicadas por el British Journal of Ophthalmology, para el año 2050 casi la mitad de la humanidad —unos 5.000 millones de personas— será miope. No estamos hablando de una tendencia gradual: estamos ante una aceleración exponencial que ha cogido por sorpresa a los sistemas sanitarios de todo el planeta, incluidos los de América Latina y España.

Lo más desconcertante no es la magnitud de la cifra. Lo más desconcertante es que llevamos décadas sabiendo lo que la causa y, aun así, no hemos sido capaces de detenerla.

¿Por qué está explotando la miopía?

El papel del tiempo al aire libre

La investigación científica más sólida de los últimos veinte años señala un factor preventivo claro y accesible: el tiempo que los niños pasan al aire libre. La luz natural, especialmente la luz brillante del exterior, regula el crecimiento del globo ocular a través de la liberación de dopamina en la retina. Varios estudios realizados en Taiwán, China y Australia han demostrado que aumentar el tiempo de exposición exterior a entre 80 y 120 minutos diarios puede reducir significativamente la aparición y progresión de la miopía en menores.

El problema es que las sociedades modernas han construido infancias de interior. Los escolares pasan horas interminables en aulas, delante de pantallas y realizando actividades en espacios cerrados. En muchos países, incluyendo España, el tiempo de recreo escolar es insuficiente y ha ido reduciéndose en las últimas décadas. En América Latina, la situación se agrava por la falta de infraestructura deportiva y la inseguridad en espacios públicos que desalienta el juego al aire libre.

El trabajo en visión próxima

La lectura, la escritura y, sobre todo, el uso intensivo de smartphones y tablets generan un esfuerzo continuo del sistema visual en distancias cortas. Aunque el debate científico sobre si la visión de cerca es causa directa o indirecta de la miopía sigue abierto, existe consenso en que la combinación de poco tiempo exterior y mucho tiempo en visión próxima constituye el escenario de mayor riesgo para el desarrollo del ojo miope.

La genética: culpable pero no única responsable

Tener progenitores miopes aumenta el riesgo de desarrollar miopía, pero la genética no explica la velocidad del cambio que estamos viviendo. Los genes no cambian en pocas décadas. Lo que ha cambiado es el entorno. El aumento explosivo de la miopía en Asia Oriental —donde en algunas ciudades como Seúl o Shanghái más del 90% de los jóvenes universitarios son miopes— es un ejemplo perfecto de cómo el ambiente escolar y cultural puede disparar una predisposición genética.

El fracaso de los sistemas de salud y educación

Los datos son conocidos desde hace tiempo. La ciencia ha señalado soluciones concretas, económicas y aplicables. Sin embargo, los sistemas educativos de la inmensa mayoría de los países no han incorporado protocolos de prevención de la miopía en sus currículos ni en la organización de los centros escolares.

Ningún país hispanohablante cuenta hoy con un programa nacional de prevención de la miopía comparable al que lleva años aplicando Taiwán, donde se ha conseguido frenar parcialmente la progresión gracias a la obligatoriedad de tiempos de recreo al aire libre. En España, los planes de salud escolar raramente incluyen revisiones visuales sistemáticas y la coordinación entre oftalmólogos, ópticos y docentes es prácticamente inexistente.

En América Latina, la situación es aún más preocupante: millones de niños nunca han tenido acceso a una revisión visual básica y la detección de problemas refractivos a tiempo —que podría prevenir el agravamiento— sigue siendo un privilegio de quienes tienen acceso al sistema sanitario privado.

Las consecuencias que nadie está comunicando bien

La miopía no es solo un inconveniente que se corrige con gafas. Cuando supera las 6 dioptrías —lo que se denomina miopía magna o alta miopía— se convierte en una enfermedad ocular con riesgo real de complicaciones graves: desprendimiento de retina, glaucoma, cataratas precoces y degeneración macular miópica, una de las principales causas de ceguera irreversible en adultos jóvenes en los países desarrollados.

La epidemia actual de miopía moderada en niños se está convirtiendo en la epidemia de miopía alta de los adultos de 2040 y 2050. Y eso tiene un coste sanitario y social enorme que apenas se está calculando.

¿Qué podemos hacer todavía?

No todo está perdido. Hay intervenciones con evidencia científica sólida que, aplicadas a tiempo, pueden marcar la diferencia.

  • Más tiempo al aire libre para los niños: el objetivo es superar los 90 minutos diarios de luz natural.
  • Revisiones visuales tempranas y regulares: la detección precoz permite actuar antes de que la miopía progrese.
  • Tratamientos de control de la miopía: ortoqueratología, lentes de contacto de diseño especial y colirios de atropina a baja dosis han demostrado eficacia para frenar la progresión en niños.
  • Educación visual en los colegios: enseñar a los niños y a sus familias hábitos visuales saludables.
  • Políticas públicas: promover recreos más largos, aulas mejor iluminadas y programas de detección visual escolares.

Lo que deberías preguntarle a tu óptico sobre esto

¿A qué edad debería hacerse mi hijo su primera revisión visual? Lo ideal es antes de los 3 años, y de forma anual a partir del inicio de la escolarización.

¿Existen tratamientos para frenar la progresión de la miopía de mi hijo? Sí, y son efectivos. Pregunta por las lentes de control de miopía, la ortoqueratología y las gotas de atropina.

¿Cuánto tiempo al aire libre es suficiente? Los expertos recomiendan un mínimo de 90 minutos diarios de luz natural para los menores.

¿Cuándo es demasiado tarde para intervenir? Nunca es demasiado tarde para controlar la progresión, aunque cuanto antes se actúe, mejores serán los resultados a largo plazo.

Conclusión

La pandemia de miopía es un fracaso colectivo y sistémico. La ciencia nos ha dado las herramientas; la inacción nos ha traído hasta aquí. Todavía estamos a tiempo de cambiar las reglas del juego, pero requiere que los profesionales de la salud visual, los educadores, los padres y los responsables políticos actúen con la urgencia que la situación merece. Tu óptico puede ser el primer aliado en esta batalla.

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