Longitud de Onda y el sector óptico en Fuera de Serie

Sector optico analisis

Hace unas semanas me contactaba Maria Corisco para preguntarme por el sector óptico, quería escribir un articulo para publicarlo en la revista dominical que se entrega cada semana con los diarios Expansión y El Mundo, buscaba información y opiniones para documentarse. Mi respuesta fue que por supuesto podía contar conmigo y accedí a ello con gran satisfacción, era una gran oportunidad para mi ya que me daba la ocasión de hablar de nuestro sector fuera de este blog y compartir con mucha mas gente sus cifras, sus tendencias y su futuro. El resultado ha sido un excelente articulo.

Algunos quizás ya lo habréis leído, pero muchos otros no. Para todos los que se incluyan en el segundo g
rupo, hoy lo publico en Longitud de Onda, espero que os guste.

El sector óptico a revisión

En España hay 25 millones de personas que dependen de ellas para corregir la vista. Las de sol copan el mercado.

Hace poco más de un año, a finales de junio de 2014, un suspiro de alivio recorrió las 10.000 ópticas españolas y dio un respiro a cuantos, de manera directa o indirecta, viven del sector: finalmente, el Gobierno había decidido no subir el IVA a gafas graduadas y lentes de contacto, de modo que estos productos se mantendrían en el tipo reducido del 10%. Atrás quedaban unos meses de incertidumbre en los que la amenaza de esta subida llevó a pensar a numerosos profesionales que esta nueva vuelta de tuerca en mitad de la crisis les obligaría a echar el cierre a sus negocios o a ajustarse, más todavía, el cinturón.

La medida no les habría afectado solo a ellos: más de 25 millones de españoles precisan de sistemas de corrección visual –pensemos que el 93% de los mayores de 55 años necesitan gafas de cerca–, de forma que un encarecimiento de estos productos habría tenido un enorme impacto. Tal y como señaló entonces el presidente de la Federación Española de Asociaciones del Sector Óptico (FEDAO), Ramón Noguera, «si las gafas y lentes de contacto hubieran pasado del 10% al 25 % del IVA, el perjuicio en el flujo de usuarios hacia unos productos de imprescindible necesidad habría sido enorme, además de implicado un coste social desmesurado y un quebranto irreversible a la salud visual».

El sector lo sabe bien: sus resultados económicos están especialmente ligados a la situación financiera del país, de modo que una merma en los ingresos de los ciudadanos se traduce de forma casi inmediata en una reducción de su gasto en este tipo de productos. Quien más, quien menos, se sigue apañando con las gafas de tiempo atrás. Tan es así, que estos años de crisis han propiciado una disminución del 25% en la frecuencia de visitas al óptico-optometrista, y se estima que hay más de cuatro millones de personas que no utilizan gafas o no reponen sus lentes por su precaria situación. «El menor poder adquisitivo de la población ha provocado un descenso en el número de revisiones visuales», corrobora Joaquim Gomicia, presidente de la Asociación de Importadores y Fabricantes de Artículos Ópticos (AEO). «No solo eso: en lo que se refiere al consumo de artículos de corrección visual ha habido también una tendencia, por necesidad, de consumir productos de bajo coste, que, en la mayoría de los casos, ha afectado directamente a la calidad de los productos y, por tanto, a la calidad de la visión».

Intrusismo

Un claro ejemplo de esto último lo tenemos en el top-manta: el 30% de todas las gafas de sol que se venden en España se adquieren en puestos y tenderetes ilegales. Y, cuanto menos dinero hay en el bolsillo de los ciudadanos, más se recurre al low-cost, aun cuando pueda acarrear problemas de salud visual. Otro ejemplo lo tenemos en las gafas premontadas, es decir, en esas gafas que podemos encontrar, ya graduadas, en prácticamente cualquier lugar, desde gasolineras a estancos, desde farmacias a tiendas de todo a cien. Las cifras son elocuentes: en 2012 se vendieron casi siete millones de unidades; de ellas, tan solo 300.000 fueron dispensadas en ópticas. «Su espíritu inicial era utilizarlas para situaciones de emergencia, pero ahora hay quienes las usan habitualmente», señaló Ana Torrents, vicedecana de la Facultad de Óptica y Optometría de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC), en la presentación del libro El estado de la visión en el trabajo y el ocio. «Los usuarios se autogradúan, se van probando unas y otras y eligen aquellas que permiten ver los objetos más grandes, lo que provoca una hipercorrección visual perjudicial». Además, el hecho de que tengan la misma graduación para ambos ojos, y que guarden igual distancia entre las pupilas –algo que no se da en la vida real– provoca, en palabras de Torrents, «mareos, dolor de cabeza y otros síntomas de fatiga visual».

Con ella coincide Francisco Martín, óptico-optometrista y analista del sector a través de su blog Longitud de onda (www.longitudeonda.com): «La venta de equipamientos visuales fuera de los establecimientos ópticos, incluyendo la venta callejera o top manta, es una amenaza para el sector, pero sobre todo lo es para el usuario. Una persona que adquiera sus productos fuera de un establecimiento óptico no contará ni con los consejos de un profesional de la visión, ni con ninguna garantía de que el producto que esté adquiriendo esté homologado y, por tanto, exento de provocarle un problema visual; además, en ciertos casos, como el de las gafas de sol no homologadas, esta práctica podría terminar implicando un serio riesgo para su salud visual».

En términos económicos, un vistazo a las cifras de los últimos años nos da la medida de la situación: hasta 2007, el sector óptico disfrutaba de un crecimiento sostenible que se había mantenido en la última década. En ese año, la facturación se elevó a 2.133 millones de euros. A partir de entonces, fue encadenando bajada tras bajada hasta perder, en 2012, el 25% de su facturación. Es esta una situación muy diferente de lo que ocurre en Francia, cuyo crecimiento acumulado desde 2008 ha sido de cerca del 10%. El descenso se ha producido tanto en la venta de lentes oftálmicas, como en la de monturas para gafas graduadas y en la de las gafas de sol. Únicamente han aumentado las ventas de lentes de contacto.

Por mucha crisis que haya, no deja de resultar paradójico que esta caída en las ventas se produzca en el momento histórico en que más españoles tienen problemas de visión. Según datos del Libro Blanco de la Visión en España, que sigue la evolución del sector entre 2009 y 2012, el porcentaje de la población española que necesita corrección visual ha pasado del 50,6%, en 2008, al 53,4%, de 2012. El mercado de usuarios crece a medida que envejece la población: el 20%, hasta los 17 años; el 26,2%, hasta los 34 años; el 42%, hasta los 44; el 68,3%, hasta los 54 años, y un 93%, de 55 años en adelante.

Por otra parte, y debido a la mayor utilización de la visión de cerca para el manejo de ordenadores y nuevas tecnologías, se aprecia que cada vez son más jóvenes quienes padecen miopía: el rango poblacional comprendido entre los 45 y los 54 años, precisamente el de mayor poder adquisitivo y que más invierte en productos ópticos –ya que estos pacientes necesitan soluciones tanto para visión de lejos como para cerca–, se ha visto incrementado en 500.000 personas. Sin embargo, este dato no se ha visto reflejado en un mayor beneficio para las ópticas. En este sentido, el presidente de AEO apunta que «el principal punto débil del sector es la poca importancia que nuestra sociedad otorga al cuidado de la visión, pese a ser uno de los sentidos más vitales del ser humano. En estos momentos, la mitad de la población necesita corrección visual, y el porcentaje va en aumento debido al uso –o abuso– de las nuevas tecnologías. No tomar conciencia de esto puede repercutir en un mayor número de accidentes de tráfico o laborales, así como en una mayor tasa de fracaso escolar».

Extraño mercado

Hay más paradojas. Hablando de ópticas, Francisco Martín expone que, pese a que se ha perdido un 25% en facturación, «el número de establecimientos de óptica ha pasado de 8.413 en 2003 a 10.022 en 2012. Lo asombroso es que nunca ha bajado. Somos el país con la red más densa por habitante y, al mismo tiempo, los que menos clientes tenemos por óptica y, en consecuencia, menos facturación por establecimiento».

Pero salgamos del segmento de distribuidores y veamos cómo funcionan las cosas en el de los fabricantes de gafas. Si nos vamos a las monturas, los reyes son los italianos: hay cuatro gigantes, Luxottica, Safilo, De Rigo y Marcolin, que se reparten la mayor parte de la tarta. Destaca también la estadounidense Marchon y, dentro de España, Optim. La clave de su negocio está en los contratos de licencia de grandes firmas de la moda. Así, por ejemplo, Luxottica lleva Ray-Ban, Dolce&Gabbana, Prada, Vogue, Ralph Lauren, Bulgari, etcétera. Safilo cuenta con marcas propias como Polaroid o Carrera, así como contratos con Dior, Gucci, Jimmy Choo, Max Mara… «Sí, es verdad que la competencia extranjera está muy bien instalada en España; ellos entendieron antes que nosotros que el mundo es global», explica Joaquim Gomicia. «Cuando digo antes que nosotros me refiero a las marcas y productos de todo tipo: perfumes, ropa, zapatos. Han internacionalizado antes sus marcas, pero los españoles estamos dejando atrás el tópico de que las firmas extranjeras son mejores y más glamurosas. Y, en el mundo global, los productos españoles gozan de un gran reconocimiento», continúa.

Gomicia, además de AEO, también preside Optim, una de las empresas españolas «con más tradición en el mundo de las licencias. Las trabajamos para España y para el resto del mundo; en estos momentos, exportamos las marcas de moda española a 62 países». Entre sus licencias aparecen Adolfo Domínguez, Agatha Ruiz de la Prada, Victorio & Lucchino, Roberto Verino o Armand Basi. Con respecto a las lentes oftálmicas –que mueven cada año 775,9 millones de euros–, los principales fabricantes son Essilor, Hoya Lens y Carl Zeiss. En España están Indo y Prats, que, pese a estar muy lejos de las cifras de los tres anteriores, tienen bastante implantación en nuestro país.

Universo plural

En cuanto a las tendencias de moda, Antonio López, cofundador de Óptica Toscana, apunta que este es «un momento multitendencia en el que conviven tamaños grandes y pequeños, monturas gruesas y finas, formas redondas y rectangulares, metal y acetatos… Hay tantas gafas como estilos y perfiles de consumidor». Con él coincide Laura González, cofundadora de La Gafería, quien, tras apuntar que «se lleva todo», sugiere que en el día a día se encuentra con dos tipos muy definidos de clientes: «Está el que quiere un modelo más discreto porque prefiere que destaque más su personalidad que su atuendo; busca algo minimalista, un complemento elegante, pero que no distraiga la atención. Y tenemos también a quien busca algo radical; son personas que combinan su vida alrededor de la gafa, que viven una cultura alrededor de la estética y juegan con los complementos, de modo que su estilo de ropa va en función de la gafa, y viceversa».

Aun cuando estemos en este momento multitendencia, ¿podríamos esbozar qué es lo que se está moviendo en el diseño de gafas? En el terreno de las gafas de sol, Antonio López apunta que «empiezan a venir monturas no tan grandes y vuelve a tomar importancia el metal. Aun así, es cierto que la pasta sigue muy vigente, y en los acetatos está apareciendo la textura: ya no son gafas lisas, sino que se tratan las superficies, ya sea grabándolas, quemándolas o incluso incorporando incrustaciones. También pega muy fuerte todo lo traslúcido y, en cuanto a las lentes, parece que el espejo quiere salir; volvemos a la lente oscura y monocromática, uniforme».

Si nos fijamos en las graduadas, hay un ligero retroceso en la gafa de pasta gruesa y grande (aun cuando siempre tendrán su público). Avanza posiciones el metal y la pasta fina, respetando un poco más las facciones con gafas de menor volumen. Y, tras unos años con careys y habanas negros, vuelve pisando fuerte el color.

Pero López destaca, sobre todo, que «el diseño vuelve a ganar auge; con la moda de aire retro y el vintage había estado muy parado, pero las crisis dan paso a épocas más imaginativas en las que se proponen cosas nuevas». Este concepto es algo que tiene muy claro Laura González, quien señala que trabaja con «diseñadores que consideran la gafa como un objeto bello, artístico y de calidad. A partir de ahí, tal vez podamos decir que se los colores están a la última. El negro quizás esté un punto desfasado, aunque se sigue llevando porque va con todo y hay personas a las que no se lo puedes quitar. Para mí, la mayor tendencia es metal plano con color», asegura. En lo que se refiere al posicionamiento de España en este terreno, González lamenta que vaya «un poco por detrás: cuando viajo y voy a los museos de Nueva York, en vez de mirar los cuadros miro a las señoras y siempre acabo diciendo: ‘Ay, qué gafas…’».

Amenaza digital

¿Y el futuro? ¿Cómo se perfila? Una de las claves reside en lo que pueda dar de sí el mercado online, que está adquiriendo mayor fuerza de día en día. «A medio plazo, la venta por Internet de productos ópticos podría convertirse en un verdadero tsunami para el sector», comenta el editor de Longitud de Onda. «Hoy por hoy, muchas ópticas rozan el umbral de la rentabilidad y, si este tipo de venta termina alcanzando porcentajes de penetración como los que vemos en otros países de nuestro entorno, me temo que se verán obligados a cerrar», advierte. Un ejemplo de esto lo tenemos en Alemania: allí se prevé que, en cuatro años, un 10% de las ópticas cerrarán sus puertas como consecuencia de la incursión de la venta online. Pero Internet no es una amenaza para todos. Desde La Gafería, Laura González señala que «solo trabajo con ocho marcas, y se trata de empresas muy pequeñas, que tienen una producción muy reducida que se hace bajo pedido. Si a mí me cuesta meses conseguir unas marcas…, imagina al consumidor que está en su casa. Internet no es una preocupación para mí».

Para Joaquim Gomicia, la cuestión de Internet se debería centrar en sus aspectos legales. «Si cualquier establecimiento de óptica debe cumplir una serie de requisitos legales, técnicos y de capacitación de su personal, idénticos requisitos deberá cumplir cualquier otro canal de venta para que pueda considerarse legal. Todo tipo de venta de este tipo de productos, sea por el canal que sea, tiene que cumplir con lo que recoge la legislación vigente», explica.

Más allá de la sombra de Internet, el presidente de AEO prefiere mirar hacia las luces que empiezan a vislumbrarse en el sector: «Se está notando un cambio de tendencia hacia la revalorización de los productos de calidad, en contra de lo que hemos vivido hasta ahora, cuando el precio era el principal atributo. Pero, además, el sector está unido en un objetivo común, concienciar a instituciones, gobernantes y sociedad de la importancia de la salud visual».

El sector y la crisis

Según datos oficiales, el sector óptico facturó 1.630 millones de euros en 2012. El 48% de la facturación del sector proviene de la venta de lentes oftálmicas. Esta cantidad se ha visto reducida en más del 17% en los últimos años. El segundo segmento en tamaño de ventas (22,3%) es el de las monturas para gafas graduadas, que ha disminuido en un 28,3%. El siguiente segmento en volumen de facturación son las gafas de sol, que representan el 13%, con un descenso en ventas de cerca del 34%. La contactología representa más del 16% de los ingresos del sector (el 14,5% corresponde a la ventas de lentes de contacto y el 2,2% a la de productos para su mantenimiento).

¿Cuidamos nuestra vista?

El 95% de los españoles considera que la vista es el sentido más valioso que poseemos y aquel cuya pérdida supone la consecuencia más grave. El 83% preferiría perder el gusto antes que la vista; el 78% el oído y el 79%, que le redujeran su salario. Sin embargo, solo el 40% de la población se ha sometido a un examen visual exhaustivo en los últimos 12 meses. En cambio, el 58% ha ido al dentista o el 67% a revisar su presión sanguínea.

Los motivos principales por los que retardan su atención visual son porque sienten que ven correctamente (72%) o no perciben ningún síntoma (68%). A nivel mundial, las mujeres cuidan más de su vista que los hombres: el 66% de ellas hace revisiones regulares, frente al 57% de los hombres. El 44% de los jóvenes no acude nunca al oftalmólogo, ya sea por cuestión de precio (44%) o porque creen que no es un asunto urgente en este momento (48%).

En España hay actualmente 17 millones de présbitas, que representan el 69% de las personas que requieren servicios ópticos. Los niños españoles son los que más usan gafas o lentillas de toda Europa. En concreto, cuatro de cada 10 niños las utiliza de forma habitual, muy por encima de la media europea (34%). Los españoles renovamos nuestras gafas aproximadamente cada tres años y medio, y nuestro gasto medio por habitante era en 2012 de 34,90 euros (en Alemania es de 54 euros y en Francia de 86,94 euros). Solo el 29% de las personas que necesitan una corrección visual lleva puestas sus gafas al volante.

 

19-08-2015
Por María Corisco. 

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